Gonorrea

La gonorrea es una infección de transmisión sexual (ITS) muy común, causada por una bacteria (Neisseria gonorrhoeae) y como muchas de estas enfermedades la mayoría de las veces carece de síntomas, lo que hace que pase desapercibida y se propague más fácilmente.
¿Cómo se contagia?
La forma más habitual de contagio es cuando mantienes relaciones sexuales, vía vaginal, anal u oral, la bacteria se encuentra en el semen y liquido pre-seminal y en las secreciones vaginales.
También te puedes contagiar si en las manos tienes restos de secreciones infectadas y te tocas los ojos y/o mucosas. Si estás embarazada y padeces gonorrea, durante el parto se la puedes transmitir al bebé.
¿Cuáles son los síntomas, cuando aparecen?
Como decimos en muchas ocasiones esta infección es asintomática, pero aun así puedes infectar a otras personas.
¿Cómo se detecta y se trata?
Para detectar si padeces gonorrea debes acudir a la consulta de ginecología o urología, y tras una exploración, te realizaran análisis de orina o extracción de muestras de líquido corporal de la zona donde se sospeche que puede estar la infección para obtener un diagnóstico correcto.
La gonorrea si es diagnosticada a tiempo se trata con antibióticos y no reviste mayor importancia, en caso contrario la infección puede propagarse y producir daños en el organismo en ocasiones de carácter grave.
¿Cómo se puede prevenir?
La mejor forma de prevenir las infecciones de transmisión sexual como la gonorrea es usar condones cada vez que tienes sexo, incluso aunque tu pareja o tú parezca que tenéis buena salud.

En las mujeres

Si eres mujer puedes desarrollar la enfermedad entre los 2 y 5 días del contagio, algunos de los síntomas que te pueden hacer sospechar que algo no va bien son:
– Ardor o dolor al orinar.
– Molestias de garganta.
– Relaciones sexuales dolorosas.
– Dolor en la parte baja del abdomen.
– Fiebre.

En los hombres

Si eres hombre puedes tardar en desarrollar la enfermedad hasta dos semanas o más y alguno de estos síntomas te pueden hacer sospechar:
– Ardor o dolor al orinar.
– Aumento de la frecuencia de micción.
– Secreción uretral amarillenta.
– Lesiones en el pene y uretra.
– Sensibilidad e inflamación testicular.
– Inflamación de garganta.

Nuestros profesionales valoran los casos de los pacientes y pautan el tratamiento más indicado a cada paciente.
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