La situación que vivimos es desconocida para todos/as, por ello resulta difícil preveer como vamos a reaccionar.

Para la mayoría de las personas existe un cambio importante en su rutina diaria tanto en su trabajo como en el tiempo dedicado al deporte o al ocio, nuestra mente debe adaptarse a una nueva situación y no siempre es igual de fácil para todos/as. Es normal tener reacciones que no tenemos en otras ocasiones otras e incluso podemos vernos desbordados/as por el miedo.

Expliquemos cómo funciona. El miedo es una emoción que tiene una función adaptativa que se produce ante un peligro inminente y nos sirve para reaccionar y escapar eficazmente de cualquier situación peligrosa.

El miedo nos prepara ante una situación amenazante y nos facilitará conductas para huir de ese peligro que percibimos. Este mecanismo de huida y lucha se va a activar en cualquier situación que percibamos como peligrosa. Esta amenaza puede ser también para nuestra autoestima. Nuestro cuerpo reacciona de manera inmediata, se presenta un estímulo que las redes neuronales detectan como peligroso, por tanto, el tálamo y la amígdala, que es la central de emergencias del cerebro, envían la señal de alarma a través del tronco encefálico provocando un aumento del ritmo cardíaco y de la presión sanguínea, la respiración se acelera, incluso hay dificultad para respirar  o sensación de ahogo, sudoración….

Todos estos cambios activan nuestro cuerpo para enfrentarnos a las exigencias del entorno con garantías de éxito.

Pero ¿qué pasa cuando el miedo se instaura en nuestras vidas? En este caso nuestro cuerpo se activa automáticamente y reacciona con igual de intensidad ante un peligro real que ante un miedo injustificado, ahí está la ansiedad. Se  produce un desgaste funcional, ya que se presenta con mucha frecuencia, o se prolonga en el tiempo, dando lugar a un bloqueo en todos los niveles (físico y emocional) y nos paraliza, llegando a limitarnos en nuestro día a día.

El miedo y la ansiedad son reacciones normales en este escenario de confinamiento que nos vemos obligados a cumplir.

Para evitar que se intensifiquen es recomendable seguir algunas pautas que nos pueden ayudar:

Es importante afrontar la situación con calma. Mantengamos prioridades, ahora que tenemos que estar en casa tanto tiempo, y de cara a cuando nos incorporemos a nuestra rutina, prioricemos y hagamos las cosas de una en una, esto hará que nuestra atención y concentración estén focalizadas en hacer bien esa tarea, luego continuaremos con la siguiente. No queramos hacerlo todo al mismo tiempo pues no haremos nada.

Es necesario que estemos informados siempre con información que esté contrastada de forma veraz, de este modo nuestros pensamientos serán racionales y estableceremos conductas adaptativas a la situación que se da. No nos dejemos llevar por el alarmismo de informaciones que nos llegan a través de las redes sociales que no están contrastadas, por tanto, evitemos la sobreinformación. Demos a los niños/as información veraz y adaptada a su nivel de comprensión, además de seguir con los horarios y rutinas familiares, ya que esto nos da seguridad.

Autocuidado. Planifiquemos nuestro horario, mantengámonos activos/as. Desarrollemos el habito del ejercicio físico, el escuchar música, el habito de la lectura, disfrutemos de la comida, veamos series y películas si nos gusta, hagamos cosas que nos resulten agradables.

Pongamos en práctica técnicas de respiración y relajación que nos ayudarán a nivel fisiológico a oxigenar nuestro cuerpo, y a nivel cognitivo que fluyan los pensamientos negativos hasta llegar a desaparecer. Estaremos preparados/as para actuar ante cualquier respuesta ansiógena.

Aprendamos a compartir las emociones. Cuando hablamos de lo que nos sucede, de los problemas que se nos plantean y de cómo nos sentimos, nos ayuda a dar forma a nuestros pensamientos y a comprender mejor lo que nos pasa.

Recuerda, pide ayuda siempre que lo necesites. Es de vital importancia el autocuidado y ello pasa por cuidar, no sólo nuestra salud física, sino también nuestra salud emocional.

Nathalie García
Psicóloga Clínica Belladona